Analizando eso, tal buenización del error o del mal, muy poco a poco va creando o fortaleciendo unas infraestructuras invencibles (de recompensa y premiación) que inevitablemente solo trabajan para que siga tal buenización-idiotización del error o del mal. Así es, ¡y toda la realidad tapada por ello!, África y todo.
Al final, el pobre y desamparado sabio que intenta luchar contra todo eso (abrazado a su corazón y a los valores éticos que no venderá por nada), va a recibir palos hasta en la sopa, de día y de noche, palos y palos y solo palos, silenciamientos, vetos y solos palos, o todos los maltratos y antirrespetos posibles e imposibles, ¡todos!






















Yo No...
Las justicias de todos son como las conveniencias
que quieren ser el bien
pero son las mierdas insoportables (para el bien) en suma










1 comentario:
"Ahora comprendo por qué se mata".
G. A. Bécquer
Que ningún español JAMÁS se atreva a exigirme ni un ápice de moral o ni de ética; pues de lo que se carece jamás se puede exigir; además, han de demostrarlo, lo que no se ha hecho aún.
A mí jamás me ha permitido un segundo ni un átomo de vivir o de dignidad (de lo que ellos tienen a millones).
Y de derechos humanos, el que permite que a un sólo ser humano se le pisoteen todos los derechos humanos, ése, ÚNICAMENTE -se tire por donde se tire- es un nazi.
Publicado por José Repiso en 13:32
1 comentario:
José Repiso dijo...
He sido la persona de España que más ayuda he necesitado; pues bien, no sólo nunca se me ha ayudado, sino que los mismos recursos vitales -los mismo de la naturaleza- se me han quitado. Como si un árbol necesitara que le den agua en un desierto y, por contra a esa necesidad, le sacaran las raíces.
Yo ya tenía bastantes realizaciones como escritor prescidiendo de ellos; sólo al principio del año dos mil tenía contactos, amigos, colaboraciones, columnas convenidas en bastantes revistas, periódicos e instituciones de América. Pues bien, todo se me destruyó por presiones de unos que nunca me favorecían nada, pero sí tenía que recibir su destruir. Es como si una persona está veinte años construyendo con sus propias manos -sin ayudas- una casa fuera de su país, y van los de éste y se la destruyen. Como si Goya se va a Alemania a pintar y ni siquiera allí le dejan pintar.
Sin tener recursos, las ediciones de mis libros a gran costo han sido fuera de España, algo que me ha esquilmado mis posibilidades.
La esencia del alma de una persona sólo está en el saber valorar, atendiendo a una escala de valores, a una prioridad del esfuerzo en el mínimo poder hacerlo por recursos, a una generosidad, a una empatía y a una humanidad.
6 de septiembre de 2010