viernes, 28 de junio de 2013

EL PODER -POR CONVENIENCIAS DE CONTROL Y ADIESTRAMIENTO DEL PUEBLO- DICTA LO QUE ES "CULTURA"; porque si una cosa la prohíbe, ya deja de ser cultura y, si la permite, impositiva y obligadamente es cultura. El poder decide como atontar o esclavizar al pueblo.

""Dice Sánchez Ferlosio: “habla Ortiz de abstracción del sufrimiento como lo que permite a los toreros actuar y a los espectadores admirar”. ¿Qué admiran? “Una constante exhibición y exaltación de actitudes y poses machistas… Los lances y desplantes de los toreros responden a una estética chulesca que no ignoro que hay quien admira (...) pero que se vincula de manera chirriante a una concepción de la virilidad”.

Una cultura que –RSF va directo al corazón del asunto- es “desde siempre, congénitamente, un instrumento de control social, o político-social cuando hace falta; por esta congénita función gubernativa tiende siempre a conservar y perpetuar lo más gregario, lo más enajenante, lo más homogeneizador. Hoy está muy cabalmente representada por ese inmenso CERO que es el fútbol”.  S. López Arnal

* "abstracción del sufrimiento" es esquivar o eludir su realidad.

1 comentario:

José Repiso dijo...

Abstracción irrebatiblemente es una inconcreción. Y toda realidad es una realidad concreta con la cual el ser humano es responsable.
Es decir, un ser humano nunca es responsable con lo inconcreto (la eternidad, el más allá, etc.) pero sí siempre es responsable de lo concreto, porque eso ya es... realidad.

La acción o el verbo de abstracción es abstraer: el considerar algo aisladamente o por separado. Abstraerse es irse o aislarse de algo, para uno u otro fin, para uno u otro interés "tuyo" -puesto que tú eres el que te abstraes-.

28 de agosto de 2012 06:23
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De una realidad es útil abstraerse -para meditar, para sentir sensaciones, para evadirte momentáneamente, etc.- si vuelves a ella.
Por el contrario, si te abstraes definitivamente -como un padre que ha quemado a sus dos hijos- eso es enajenación definitiva o autoengaño crónico de no creerse uno mismo su propia monstruosidad u otro tipo de locura.