lunes, 9 de septiembre de 2013

LAS RAÍCES DE LO INJUSTO


Si hay algo que define intrínsecamente el vasallaje y lo PREESTABLECIDO eso es la "estética", sí, diseñándose en uso y predisposición de "categoria humana superior" para las clases dominantes.
Pues la verdadera moral, en demostración, se asentaba en la sociedad con la difusión de la HUMILDAD -que era lo único que se contraponía al abuso de poder, de soberbia y de dominación-, por iniciativa del cristianismo y de otras religiones como la hinduísta o la budista o la islámica.

Además, los valores éticos en su mayoría -y desde los principios de la humanidad- han permanecido muy idénticos: "la defensa de la vida", la amistad, el amor, la bondad, etc.; pero, la estética no, ¡nunca!
La estética, eso -y con todas las documentaciones de los modos de vida anteriores-, la DICTABAN solo los faraones, los brDhmanes y nunca los shudrás, los patricios y nunca los plebeyos, los califas, los jeques y los imanes y nunca los obedientes o esclavos, los hombres y nunca las mujeres -esto está más que probado-, los colonos y nunca los indígenas.
Así de claro, sin rodeos, sí, la estética representaba la simbología de tal orden y de tales modales inquebrantables que favorecían siempre a la minoritaria clase que oprimía al pueblo. Eso es, el pobre jamás diseñó algo de esa argucia de la supeditación o del control estético

Con tal base, todos los modales de vida social, todo el comportamiento de todos y todo lo que conllevaba la belleza era absolutamente dictado por una aristocracia que se beneficiaba demasiado con ello; mientras que la ética -en la búsqueda de la justicia y de la igualdad- solamente se conseguía por los que, contra esa estética de supeditación encadenante, se desmarcaban ya con más racionalidad -algo que suponía sin duda subversión, pues considérese que en el fondo lo era el mismo conocimiento- o sentido crítico.

1 comentario:

José Repiso dijo...

Haz el bien, pero el cómo nunca lo oficialices o lo formalices a un sólo dictamen, porque será ya el bien una dictadura.

El cómo debe sólo ser elegido por la coherencia misma de quien hace o desarrolla un bien.

Para el bien cualquier cómo es válido si es coherente -con valores éticos-.

Por ejemplo, Jesucristo eligió su cómo: subvertirse a las leyes -romanas-, perdonar él lo que las leyes y costumbres del país nunca perdonaban -por lo que ofendía continuamente- y descalificar a todo aquél que hipócrita o erróneamente se encontraba bien calificado o privilegiado.