viernes, 9 de abril de 2010


EL CUENTO DE LA PREVARICACIÓN

La prevaricación (proceder o abrir una causa judicial A SABIENDAS de que no tiene apropiada competencia o que, en el fondo, es injusta) entre otras cosas también es un juicio de intenciones con vinculación a la subjetiva -manipulable- interpretación de las leyes. Por eso, para que ésta sea judicialmente objetiva -o justificable- debe estar precedida -para demostrarla- por unos HECHOS de corrupción de una arbitrariedad “muy interesada” -porque se evidencie un motivo o un móvil para llevarla a cabo-.
Aún así, para que aquí exista una mínima equivocación, se ha de recurrir, claro, al espíritu mismo o sustento ético de la justicia -a una ontología ética- que es el permitir, siempre en el marco jurídico, todas las formas posibles -sin ser restringidas- para perseguir las más graves injusticias sociales. Es decir, los recursos judiciales de un país DEBEN PROTEGER la búsqueda y el perfeccionamiento -contra el involucionismo y el desamparo- ejercitivo de la misma justicia; y nunca ser lo contrario, infravalorando méritos en esa audacia de contrarrestar la impunidad, sino tolerando en lo posible esa búsqueda de proceder justamente ante las verdaderas necesidades o demandas de justicia para una mayoría social. Sí, se trata de poner los recursos judiciales al servicio del hacer un frente a las graves injusticias que ha padecido o padece la sociedad, no que el que eso intente -y más si nada gana a cambio en esa dilección- sea castigado o acusado fácilmente por prevaricación o incompetencia.
Es un error que el Tribunal Supremo no admita o no dé una prioridad a la audacia por buscar todas la posibilidades o todas las interpretables formas jurídicas porque se ejerza la justicia ante las grandes injusticias sociales demandadas, y dejándose llevar por facilismos de prevaricación que "no pueden existir" -por lógica- en quien YA HA DEMOSTRADO que perseguía -sin grandes beneficios parciales- algunos graves hechos injustos aún impunes.
An Injustice in Spain
http://lanucia.superforos.com/viewtopic.php?p=33469&sid=f427d4b3bb4a450632f29e5556abbed8

1 comentario:

José Repiso dijo...

Lo único que se impone ahora a la razón es el sólo utilizado sistema de la sinrazón; o sea, uno afirma algo e irracionalmente no permite que se pueda rebatir lo que dice. Como si fuera una dictadura. Y luego, para adorno, hablan de respeto cuando es, realmente, un antirrespeto. Sí, el respeto no lo conozco más que de alguna película donde, claramente, es fingido.