sábado, 9 de octubre de 2010

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Las autoridades chinas tienen a una quinta parte de la población del mundo perfectamente bienedudada para que digan lo que han de decir, sin que les ofenda y sin que les insulte nada -al igual que ocurre en muchos otros países-; he ahí la infinita subjetividad de quien utiliza el término "bieneducado" como arma para quien sea, para éste o para aquél -algo tan intolerante, sí, que hasta dan ganas de vomitar-.
Sólo las personas como Liu Xiaobo, que malaeducamente en un manifiesto descalificó de dictadura -y, por lo tanto, de dictadores- a los que siguen un régimen que tanto oprime las libertades, son en este mundo valientes -porque la valentía va en función al poder de quién te enfrentas-, valientes de verdad.
Para China, Liu Xiaobo sigue siendo un ser, en desprecio, obsceno y demasiado insultante.

2 comentarios:

José Repiso dijo...

CONSIDERACIONES PARA QUE NO SE INVENTE OTRA COSA

Todo lo que he hecho en mi vida está netamente extraído de mi humildad, del no tener recursos y de la aplicación total de la honradez. Por eso, mi formación ha sido costeada por mí, los gastos de sanidad, mis libros, mis caminos y mis migajas de pan.
La principal diferencia que tengo con respecto a cualquiera que penséis que luchó por una gran causa ética es que, mientras ellos lo arriesgaron casi todo (pues la celebridad no) por una una sola injusticia, yo sí que lo he arriesgado todo con una imparcialidad que tiene siempre objetivamente desprotección -y mi imagen cada día- por cualquier injusticia -sin discriminaciones o intolerancias- y, además, sin abrigo mediático y sin apoyos de proximidad. Cualquier injusticia o sinrazón no la he tolerado con incontables perjuicios y represalias; realización personal no he tenido (para comprenderlo, piensen que a una madre no se le permitiera siquiera su realización como madre ni como persona); precisando que de todo lo que he hecho no he recibido algún beneficio y no se me ha dado ni agua por ello. Por el contrario, sí, por poner un ejemplo, Vargas Llosa ha recibido ininterrumpidamente miles de buches de agua y de mimos y de apoyos a lo largo de su vida.
Otra cosa, los premios literarios que he ganado (bajo plica o anonimato) no me han supuesto ganancia económica, ya que en la mayoría he puesto dinero encima para cubrir los gastos que han conllevado; nunca los he querido, sino los he necesitado -que es distinto- para que, luego con astucia, no me saquen la excusa de que no me publicaron porque no contaba con ellos.
Así es, sin una doble tabla de medir, ninguna injusticia la he consentido ni la he censurado -¡por condición, por basta y por dignidad!-, ni la he dejado pasar porque no es lo mío cualquier complicidad. Sí, es muy mediático todo en truculencia y muy ligero de concebir todo..., ¿se molestó acaso Ghandi por los derechos de los animales?, ¿se molestó el Dalai Lama por la igualdad de las mujeres?, etc.; pues, demasiado he perdido en cada uno u otro asunto, por no tener demasiadas morales ni alguna trampa.

Ni estoy a las órdenes de dejar pasar, de humillar (con infravalor) y de dejar impune a alguna injusticia ni me arrodillo a tanta miseria ética totalmente triunfadora "a juego sucio y de no reconocer nada" o a la corrupción.

José Repiso dijo...

A LAS CLARAS:

Un señor dice -quizás contagiado por al crisis que hay de espiritualidad y de intelectualidad- que él se ríe de todo.

Pues bien, a ese respecto, sí, no se pueden defender unos valores éticos ni aun reconocer o exigir una u otra responsabilidad sobre los hechos -o sobre las acciones- si, al mismo tiempo, te ríes de cualquier ética o de cualquier imprescindible responsabilidad -porque se alimente la barbarie y la impunidad-.

Y, también, si se ríe de sí mismo él, claro, no respetándose siquiera a sí mismo, ¿cómo puede respetar algo a los demás?

Pero, por el contrario, otra cosa muy distinta es el buen sentido del humor que, en inteligencia, resalta críticamente la ridiculez de algo, ya de algo, de esto o de aquello -por su idiotez, por su inutilidad o por su cara dura o despropósito inconcebible-; y no, no que rebaja todo al desprecio mismo en una rasa o nula desvalorización -lo cual niega cualquier dignidad en su desconsideración de unos diferentes esfuerzos y de unas precisas buenas acciones-.

Lo que ocurre es que, ése que es miserablemente frivolizador de responsabilidades para nada y de dignidades ajenas para negarlas y para sólo destruir lo cívico, además de reírse de todo por zafio truco o por desvergüenza, "se cree, con ello, que todos son de su igual condición"; es decir, ahí, a todos los rebaja... en sus honores, en sus "sacrificios personales" y en lo que han demostrado toda la vida respetando un valer o cierta autoridad ética, a la misma altura rasa de su “cacao mental” o de su misma miseria; ¡qué fácil!

¡Qué fácil es destruir!, y siempre; cuando Jesucristo agonizaba llevando la cruz, muchos o una gran mayoría se reían pues, conseguían así, destronarlo “de un sólo plumazo” de su tan pura grandeza moral para al fin rebajarlo humillantemente –¡por envidia!- a lo que ellos eran de miseria espiritual y, también, para al fin no tener una autoridad moral, una, porque les reprobara el que lo justificaran todo, sus engaños y sus crueldades.